MIKEL ARTETA: EL PRIMER EMIGRANTE

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MIKEL ARTETA: EL PRIMER EMIGRANTE

Mensaje por Arsene FC el Mar 24 Mayo 2016, 20:22

Mikel Arteta ha colgado las botas sin debutar con la selección nacional. También lo ha hecho sin protagonizar un solo gran momento en la Liga BBVA. Y aun así, ha dejado huella en el fútbol español. El último capitán del Arsenal, emprendiendo una aventura, en su día, multi-exótica y cosechando un éxito rotundo en cada uno de sus episodios, abrió la puerta de las grandes ligas a muchos de sus compatriotas.
ARTETA QUERÍA SER COMO PEP GUARDIOLA
Arteta fue uno de esos niños que aparecieron en los periódicos antes de lo recomendable. En 1997, cuando tenía 15 años, abandonó su tierra natal para recalar en La Masia, donde pronto se puso a la espalda el dorsal número “4” y fue considerado como un posible nuevo Guardiola. Las comparaciones son odiosas, pero aquella no estaba forzada. Por la posición que ocupaba en el campo, su estilo de juego y su capacidad de liderazgo sordo, realmente se asemejaba a Pep. Desde luego, lo hacía más que el otro candidato para sucederlo, un tal Xavi Hernández. En cualquier caso, por desgracia, y de forma extraña tratándose del FC Barcelona, nunca gozó de una oportunidad en el Camp Nou. Quién sabe qué hubiera sido de su carrera si Louis Van Gaal se hubiera quedado un año más, o si no lo hubiera suplido Lorenzo Serra Ferrer. Sin disputar ni un encuentro oficial, en diciembre del 2000 salió cedido al Paris Saint-Germain.

Arteta formó parte del doble pivote que escoltó en París a Okocha y Ronaldinho.

En aquel primer semestre, jugó poco pero dejó buenas sensaciones, lo que derivó en que la cesión se prolongase doce meses más. Durante estos, con apenas 19 años, se convirtió en un hombre de peso en la medular de Luis Fernández, formando parte de un doble pivote que sostenía la creatividad de la doble mediapunta compuesta por Ronaldinho y Okocha. Arteta sedujo a muchos, si bien su Barcelona se mostró inmune a sus encantos. Charly Rexach no contaba con él y el club lo vendió al mejor postor. De modo muy curioso, fue el Glasgow Rangers escocés.
COMPARTIÓ MESES EN ESCOCIA CON R. DE BOER
El equipo dirigido por Alex McLeish contaba con hasta cinco futbolistas holandeses en su rotación activa -más el ex-Ajax Arveladze, que contaba como tal-, toda una señal de intenciones que, a efectos prácticos, se sintió más como un matiz que como algo de mayor calado. El Glasgow Rangers parecía lo que era: un equipo escocés. Dentro del mismo, Arteta aprendió a sufrir y se ganó la titularidad en base a su decisivo toque de balón. Es decir, se integraba sin desentonar en la atmósfera británica sin extraviar la calidad que le distinguía. En aquella primera campaña conquistó el triplete doméstico y firmó momentos inolvidables: marcó gol en su debut en el derbi contra el Celtic y qué contar sobre el desenlace de la Liga. Los dos grandes de Escocia llegaron a la fecha de cierre empatados en la clasificación en puntos y en diferencia de goles, el Celtic ganó en el campo del Kilmarnock por 0-4 y el Rangers, en casa, goleó al Dunfermline por 6-1. El último tanto lo firmó Mikel Arteta en el minuto 91. Casi nada.

Antes del triunfo de Arteta, las Ligas europeas no confiaban en los futbolistas españoles.

En este punto hay que poner una pausa y fijar el valor de lo recordado. El fútbol español nunca se había caracterizado por su capacidad de exportación; era cierto que Luis Suárez, Luis Del Sol y Joaquín Peiró habían hecho historia en el Calcio italiano de los 60, pero de ahí en adelante, incluso emigraciones tan rutilantes como la del maravilloso Rafael Martín Vázquez se habían saldado con decepciones totales o relativas. Para más inri, los resultados de la Selección en los Mundiales y las Eurocopas no acaparaban gran prestigio. Mikel Arteta, triunfando en París y en Glasgow, generó credibilidad donde no la había. Seguro que él ayudó a que el Liverpool FC no dudase al reclutar a Xabi Alonso cuando Rafa Benítez lo pidió en el verano de 2004. Semanas antes de esa operación, Arteta había llegado a San Sebastián. Y en principio, pareció un recambio muy oportuno, si no perfecto, tanto en lo deportivo como en lo social.
SU PASO POR LA REAL LE HIZO DAÑO A SU IMAGEN
Desafortunadamente, quedó la impresión de que la Real Sociedad no se decantó por su fichaje con el consenso de su entrenador, José Mari Amorrortu. O sí, pero entonces sucedió algo entre el futbolista y el técnico que, con el pretexto de una leve lesión, terminó sentando al chaval y señalándole como el responsable directo del desequilibrio de la Real, que llegó a situarse incluso colista. Arteta perdió la titularidad, la confianza y la paciencia. Exigió una salida inmediata del club en aquel mismo mercado invernal. Un escocés, David Moyes, se lo llevó a la Premier League. De forma anecdótica, iría a la misma ciudad a la que había emigrado Alonso, pero en su caso para jugar en el eterno rival, el Everton FC. En el colmo de la casualidad, Arteta ocupó en los azules el hueco que liberó Gravesen, fichado con emergencia por el Real Madrid seis meses después de desechar la incorporación precisamente del propio Xabier. El fútbol, como el mundo, es un pañuelo.

David Moyes lo transformó en uno de los centrocampistas más resolutivos de la Premier.

En Goodison Park, Arteta vivió un sueño. No se exagera si se afirma que se convirtió en el ídolo más emblemático de la época reciente de más éxito del segundo club de Liverpool. En la primera etapa de su relación, Mikel se centró, sobre todo, en la productividad, promediando números comparables a los de Frank Lampard o Steven Gerrard. En la temporada 2006/07, en la que fue premiado como el mejor centrocampista de Inglaterra, fabricó la friolera de 22 goles; uno más que el del Chelsea y siete más que el del otro lado de su ciudad. Como particularidad táctica, se impone recalcar que, en este tiempo, Arteta se desenvolvía en una de las dos bandas, preferiblemente la izquierda. David Moyes no le veía la consistencia necesaria para un doble pivote de la Premier y prefería enfocar su calidad en los últimos metros, tanto para resolver como para esconder la pelota y reorganizar, mientras, la colocación de la piezas. No en vano, fue el futbolista que más faltas provocó a lo largo de aquellas 38 jornadas.
Así prosiguió su carrera hasta arribar al mes de enero del año 2009. Su nivel y su jerarquía dentro de la Liga alcanzaron tal punto que el país empezó a elucubrar con la posibilidad de nacionalizarlo para que jugase con la selección inglesa, a lo que Vicente Del Bosque respondió convocándolo por primera vez. Pocos días más tarde, se rompió el ligamento cruzado de la rodilla y estuvo 11 meses de baja. La vida, a veces, pega fuerte. Así se le escapó la oportunidad de integrarse en la generación de oro.
A su regreso, David Moyes le devolvió a su rol original de pivote organizador, lugar desde el que Mikel terminó de enamorar a un técnico que siempre lo quiso en su equipo, Arsene Wenger. El francés, lejos de dudar de sus condiciones defensivas, le utilizó como cierre de su centro del campo, y quizá ahí desarrolló el fútbol más brillante su carrera*. Pero a dichas alturas, ya no llamaba la atención de los medios. En relación a aquella Premier League, el eco que llegaba hasta España traía los nombres de Juan Mata, Santi Cazorla, David Silva o Ander Herrera. Cuatro futbolistas que, quizá, nunca hubieran salido de nuestras fronteras si Mikel Arteta no hubiera conquistado antes Francia, Escocia e Inglaterra.

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Arsene FC

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