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Mensaje por jamadrid el Dom 01 Jun 2014, 14:34

Viernes. Diez de la mañana. Hall del hotel Colón en Sevilla. Jorge Carretero, portavoz de la Real Federación Española de Fútbol, me invita a acompañarle a la prisión de Sevilla 1. Accedo encantado. No es la primera vez ni la última. El señor Carretero desde hace años llegó a un acuerdo con Instituciones Penitenciarias para acudir a los centros de las ciudades donde juega la Selección Española con el objetivo de impartir una charla didáctica a los reclusos. En esta ocasión se va a jugar el España-Bolivia en el Pizjuán. Esta extraordinaria iniciativa está acompañada de un regalo de varias entradas para que aquellos presos que cumplen los requisitos acudan al estadio, acompañados por los monitores, para ver el partido de España. Recomiendo este tipo de experiencias. Humanizan a las personas y abren los ojos.

Aceptada la invitación, nos encaminamos hacia la cárcel. Para mí no es una novedad. He visitado junto a Jorge Carretero los penales de Santander, Murcia o Soto del Real, entre otros. Conozco a la perfección la rutina. Entregar el DNI a la entrada. Prohibido acceder con el móvil e incluso con la cartera. Todo hay que dejarlo en una taquilla o en el coche. Sólo una credencial de visitas. Van otros invitados y sólo hay un federativo, el señor Carretero. Ya dentro nos explican las normas a seguir. Se podría decir que Sevilla 1 es una cárcel moderna ya que apenas cuenta con 25 años de vida. Cuenta con un psiquiátrico, una zona de preventivos, otra de cumplimiento y otra mixta. Hay una enfermería independiente en cada módulo, así como dos pabellones, uno en honor a Talan Dujshebaev (balonmano) y otro a José Manuel Calderón (baloncesto). Hay un campo de fútbol, una pista de atletismo de tierra…

Por entonces, ya sé que ahí está cumpliendo pena José María del Nido, ex presidente del Sevilla, lo que levanta mi curiosidad. Nos reciben el subdirector y varios funcionarios. Hechas las presentaciones, nos conducen hacia el pabellón que acoge el salón de actos. Hay que pasar varios escrupulosos controles. El ruido del cierre de las puertas impone y agita el corazón. Aquí no hay ficción. Es real. Una vez dentro de la sala Jorge Carretero sube al escenario y comienza su discurso. Domina la escena a la perfección. Es un dirigente inusual. Aunque lleva traje y corbata lo primero que hace es romper la barrera física. Arranca su charla con un “No soy feliz aquí. Gracias por venir (hay unos 150 reclusos), pero realmente sería feliz si la sala estuviese vacía…”.

Casi dos horas más tarde, los reclusos le dan las gracias por ese tiempo y le regalan una ovación en pie. Luego los reclusos se marchan al comedor y los funcionarios nos enseñarán el centro y nos explican su funcionamiento. De camino al punto de inicio se produce el encuentro. Al fondo del pasillo está José María del Nido. A escasos diez metros. Pasa una puerta, atraviesa un pasillo… Viste un polo rojo. No ha perdido su condición de sevillista. Un pantalón corto entre gris y azul y zapatos. Está fino, tirando a delgado, con la mirada del que desconfía. No cruzo una palabra con él. Sólo le observo esos escasos segundos. Puede que en esos momentos sea un privilegiado, pero la casualidad ha querido que un periodista vea al ex presidente entre rejas.

Esa coincidencia despierta mi interés. Y comienzo a preguntar a los funcionarios. Son prudentes. Percibo en la respuesta de uno de ellos que están hartos de él. Por ahí también pasó el hijo de José Ortega Cano y levantó un poco de ruido. A Del Nido le definen como un preso ’sindicalista’. No para de reivindicar cosas y abusa de la normativa penitenciaria. Me quedo perplejo. Pregunto por la población de reclusos (1.200 en la actualidad) y vuelvo a sacar el tema Del Nido. Otro funcionario me comenta que sigue con el ego muy subido, que está en el módulo de los presos ‘más fáciles’, que su celda nunca se cierra como la de los demás presos en ese área, aunque tiene cumplir el horario. Diana a las ocho. Retreta a las ocho. Tiene televisión en su celda (unos seis metros por tres) y todos los días acude a la pista de atletismo para sudar la gota gorda. Allí no pega el sol, abrasa. Ha sido campeón de 1.500 y de 5.000 metros, categoría de veteranos, en las pruebas que ha organizado el centro penitenciario.

Es activo con un sector de los presos y se podría decir que se ha convertido en un líder ahí dentro. Es tal su actividad, que molesta. Por ejemplo, ha pedido ser atendido por sus médicos privados sólo para forzar situaciones. Su condición de abogado, al igual que a su actual pareja sentimental y su hijo, les permite el contacto casi a diario, lo que ha soliviantado a un sector de los reos. Por este detalle que me revelan y otros que ocultan, la dirección del centro ha pedido un traslado del preso a otra prisión. La petición ha sido aceptada y en breve será trasladado. Dicen que a Huelva o a Morón.

Ahí dentro lo están deseando, si bien no se acabarán los problemas. El día a día es muy duro en Sevilla. Y Sportyou pudo comprobar in situ como la prioridad de los funcionarios es reinsentar a aquellas personas que han cometido un error por determinadas circunstancias. Cada vez que un preso abandona la cárcel y pasado un tiempo prudencial no vuelve supone una pequeña victoria para un colectivo con una paciencia de hierro y un corazón enorme.

Sportyou
jamadrid
jamadrid

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