El madridismo de la selección y la autoridad moral de Del Bosque Cartel2va

El madridismo de la selección y la autoridad moral de Del Bosque

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Mensaje por Oliver el Dom 09 Oct 2011, 02:01

La tremenda superioridad de la selección en Praga, donde redujo a la República Checa a la condición de paria del fútbol, puso de manifiesto, sobre todo, la gran jerarquía internacional del fútbol español en la sala de máquinas, en el horno del juego: el centro del campo. Busquets, la baliza del campeón de la Champions. Dos pasos por delante, el futbolista que representa la clave de bóveda, Xavi Hernández. Entre ambos, Xabi Alonso, eje del Madrid. A un costado, Silva, el jugador que ha dimensionado al Manchester City, el mejor de la Premier en el arranque de temporada. Al otro, Mata, llegado al Chelsea para poner en valor todo lo demás, para enlazar su talento y optimizar el dinero pagado por Torres. ¿Quién da más? Pues la propia España, con Iniesta y Cesc lesionados, con Cazorla y Thiago en el banquillo, con Javi Martínez para unos minutos, con Borja Valero a la espera, con un Canales que despierta... Un tesoro y, a la vez, una dura prueba para quien debe gestionarlo.

El inicio de esta concentración ha estado marcado por los ecos de las declaraciones de Silva. Dijo, más o menos, que no se sentía bien tratado, y lo hizo al mismo tiempo a dos periódicos, qué sagacidad y qué torpeza. En la declaración había intencionalidad, y eso a Vicente del Bosque no le sentó muy bien. Por ello habló del perjuicio de los séquitos. A partir de ahí, a jugar, sin más. El episodio no muestra otra cosa que la competencia generada en el centro del campo de España. Silva, un futbolista que encanta al seleccionador, al que ha llegado a referirse en privado como "mi Messi", salió del once después de la derrota contra Suiza y quienes entraron no dejaron de ganar. Seguramente no era culpable de lo primero, de la misma forma que tampoco el seleccionador de lo segundo. Es el fútbol, es la competición y es la calidad de España.

Para Silva puede resultar incomprensible la dualidad de sentirse líder en el Manchester City, referencia en la Premier y suplente con España. Que le pregunte a Cesc Fàbregas cómo llevarlo, porque también al ex jugador del Arsenal se le hace insoportable el banquillo. Está por ver si su llegada al Barça le concede otro rol como internacional. Con España, sin embargo, va a ser imposible no alternar el banco y la hierba.

En Praga, Del Bosque volvió a probar con cinco centrocampistas. Son tantos y de tanta calidad que quizá es oportuno plantearse jugar con un delantero, porque dada la llegada y el gol de Mata, Silva y especialmente Cesc, ausente ante Chequia, como Iniesta, la selección puede salir más beneficiada. El fútbol moderno evoluciona cada vez más rápido hacia el movimiento constante y huye de las referencias fijas. El Barcelona no ofrece ninguna en ataque, con Messi como 'delantero centro mentiroso' y Villa en la izquierda, e incluso el Madrid, aunque en las antípodas, opta por delanteros de amplia movilidad, sobre todo en el caso de Benzema.

Con gol o sin él, Torres realiza un gran trabajo táctico, al barear a los centrales y crear los espacios en el área para la llegada de los centrocampistas. Por eso, a menudo hemos visto al mejor Villa en compañía del delantero del Chelsea. Pero ello no es compatible con la superpoblación en el centro del campo. Una solución es reconvertir a Villa en una banda, como jugó en el Mundial y lo hace en el Barcelona, pero eso resta un puesto a los medios naturales. Un dilema, aunque sabe Del Bosque que habrá partidos para todos y circunstancias para todos los registros, extremos incluidos.

El molde de ese fútbol emana del Barcelona, de su ciencia, con Busquets, Xavi e Iniesta fijos en un once tipo de la selección. Pero en la administración de ese patrimonio, de su jerarquía y de sus personalismos, aparece la mano del madridismo, interpretado por quien fue entrenador de los galácticos, la mayor concentración de ego en un vestuario. Del Bosque dijo que no había que hablar con Silva de la misma forma que no lo hizo con Morientes después de que se llevaran los demonios al delantero en la banda. Sabe del sufrimiento de los suplentes, y por eso está a su lado en los entrenamientos del día después de los partidos. Es la autoridad de los gestos.

Cuando se habla de los éxitos de España se los pone en relación continuamente con el juego azulgrana, y es cierto, pero apenas se reivindica la dirección que representan no sólo el seleccionador, sino Toni Grande, Javi Miñano y, hasta hace muy poco, Fernando Hierro. Los azulgrana bien saben de su buena mano. Cuando hay tanto talento concentrado, resulta capital. Será que ese madridismo ha pasado de moda.

Fuente: El Mundo

Oliver

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