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Mensaje por laagonia el Dom 26 Dic 2010, 13:40

Tomen esta historia como un regalo navideño sin ánimo de crear polémica o debate. Se trata de una vuelta a la esencia de la Agonía. Una manera de entretener y homenajear a los fieles que me acompañan desde el principio o los que se acaban de incorporar a esta, su casa. Va dedicado especialmente a aquellos que se siguen sentando en las cenas propias de estas fechas al lado de ese cuñado que les cae tan gordo. Para los que prefieren comprar en el colmado en vez de en las grandes superficies. Para los que se resisten a dar al trapero sus viejos casettes de música esperando un nuevo esplendor para el soporte. Para los que consideran que el cuarto y mitad sigue siendo una unidad de medida indispensable a la hora de adquirir fiambre. Para los “mediapuntistas” o para “los agónicos” y también para Doña Eufemia, a la que seguro gustarían mucho las tontadas que se le ocurren a su nieto.
Va por ustedes con mis mejores deseos…
-Muy buenas ¿Qué tal se presenta la noche? –dijo a modo de saludo Ordóñez, el más veterano de la Secretaría de Deportes del Ministerio de Asuntos Vampíricos, aparentando un interés por el trabajo que todos sabían perdido desde hace mucho tiempo.
-Como siempre Don Aurelio, muy liada –respondió Carlitos, el becario-. Hoy nos toca censar y catalogar varios expedientes.
-¡Ay Carlitos, qué duro es el trabajo! Cuando yo me saqué la oposición, no se echaban tantas horas y podíamos escaparnos a tomar un pinchito de morcilla o de sangre encebollada a medianoche. No te envidio Carlitos, no te envidio–respondió mientras el becario le miraba con esa admiración que provocan los caraduras.
Aurelio Ordoñez llevaba en la Secretaría desde su creación, a la que llegó trasladado de otro Ministerio, de un puesto importante decía él. Acumulaba 237 trienios y poseía una habilidad casi sobrenatural para manipular los fichajes e interpretar siempre a su favor las normas sobre cómo coger las vacaciones. Se acercó al tablón de anuncios después de sacarse de la máquina un café bien calentito y anunció en voz alta que él hoy iría a censar a un equipo femenino de baloncesto.
-Lo de la carrera ciclista se lo vamos a dejar a Sánchez, que a mi esa sangre me repite mucho, yo no sé qué le echarán. Carlitos, ¿cuánto tiempo llevas tú convertido? –inquirió.
-Casi catorce años Don Aurelio, trece de ellos aquí, ya estoy a punto de que me hagan interino.
-Claro, cosas de los que habéis entrado con el convenio nuevo. ¿Y por qué te quisiste presentar?
-Por la seguridad, porque siempre me ha parecido elegante llevar una capa como Ramón García y por lo que se liga como vampiro.
-¡Vaya picarón, qué bien os ha venido a los de tu edad esas ******* como Crepúsculo!
-Se hace lo que se puede Don Aurelio, como todo el mundo.
-¿Y a ti que toca hoy Carlitos?
-¡Mi primer partido de primera división! –respondió ansioso el joven-. Voy al Calderón, a censar a los jugadores del Atleti.
-¡Uy, los jugadores del Atleti! Pues no he censado yo de esos desde que entré aquí: Luís, Gárate, Pereira, Leal, Futre, Caminero, Pantic y hasta una noche censé a Arteche.
-¿Y cómo fue Don Aurelio? ¿A qué sabían?-preguntó Carlitos con los ojos como platos.
-Sabían mejor que ninguna de las que hayas probado en el mundo, te lo digo yo he catado sangres de practicantes de todos los deportes. Como la sangre de un auténtico Atlético no hay ninguna.
-Pues que suerte tengo, ¿no? –dijo sonriendo el funcionario de nuevo cuño casi relamiéndose.
-No Carlitos, no. ¿Por qué te crees que hace tiempo que ya no voy a censarlos? Ahora saben de otra manera. Ya no es esa sangre rojiblanca que te dejaba regusto a fruta en la boca, la sangre que se ponía en las bodas de alto copete. Las últimas añadas han salido malas, aunque el año pasado salió una buena cepa, pero fue de chiripa.
-¡Ah!-respondió con decepción Carlitos, retrayendo con bisoñez los colmillos.
-¿Y sabes lo peor? ¿Sabes por qué lo dejé? Pues porque hace un par de años censé a un jugador del Atleti que no es que no supiera bien o que tuviese la sangre mal conservada como consecuencia de la interrupción de la cadena del frío, no. Era que no tenía sangre directamente –dijo Aurelio con el énfasis que da la veteranía.
-No me asuste Don Aurelio, que si me encuentro algo así soy capaz de desmayarme –exclamó azorado.
-No te preocupes Carlitos, no te lo vas a encontrar. Ahora su expediente lo lleva la sucursal del ministerio en Alemania.

laagonia

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